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jueves, 26 de abril de 2007

Cuentos de muerte y de sangre de Ricardo Güiraldes

Ricardo Güiraldes
Cuentos de muerte y de sangre
Prólogo de Mateo de Paz
Artemisa Ediciones, La Laguna,
Santa Cruz de Tenerife, 2006
144 páginas, 14.95 €

Ricardo Güiraldes cerró con llave de oro la literatura gauchesca. Don Segundo Sombra (1926) fue la novela que le dio la fama universal un año antes de morir en París a causa de un cáncer linfático. El pasado 2006, Artemisa Ediciones, publicó Cuentos de muerte y de sangre, la primeriza obra narrativa de Güiraldes en 1915. Curiosa es la historia de un libro que, publicado a la par que el libro ultraísta El cencerro de cristal, vendió solamente siete ejemplares, como señala Mateo de Paz en el prólogo titulado «El hombre sin generación». La razón del estrepitoso fracaso reside en que la crítica se rió del Cencerro y la mala fama de este libro de poemas arrastró a unos cuentos que incidían en el ser argentino gauchesco. El resto de la tirada fue arrojado al pozo de La Porteña, la conocida estancia que los Güiraldes tenían en San Antonio de Areco, un total de 2.500 libros, de los que Adelina del Carril, su mujer, logró salvar unos pocos que hoy se han convertido en material de coleccionista. El lenguaje de estas narraciones es duro, plagado de regionalismos y expresiones pamperas, pero en la obra se intuye, sin embargo, ese arte de narrar que tan sólo dos años después Horacio Quiroga ascendería a maestría de genio con Cuentos de amor de locura y de muerte (1917). Muchos de los cuentos, fundamentalmente los primeros, dejan la puerta abierta a la imaginación del lector. En su abertura se presiente ya la parquedad de los cuentos hispanoamericanos posteriores: el citado Quiroga, Rulfo, Di Benedetto y Borges, entre otros. Sus apasionantes historias, por lo tanto, merecen la pena ser leídas porque en ellas se aprecia el origen del cuento hispanoamericano que luego nos llegó con el «boom». Cuentos de muerte y de sangre no es sólo para expertos en la literatura gauchesca o admiradores del afrancesado Güiraldes, sino un libro recomendable por su calidad, su buen hacer y el interés de la primera obra de un autor universal.

Fragmento de «El pozo»:

Sobre el brocal desdentado del viejo pozo, una cruz de palo roída por la carcoma miraba en el fondo su imagen simple.
Toda una historia trágica.
Hacía mucho tiempo, cuando fue recién herida la tierra y pura el agua como sangre cristalina, un caminante sudoroso se sentó en el borde de piedra para descansar su cuerpo y refrescar la frente con el aliento que subía del tranquilo redondel.
Allí le sorprendieron el cansancio, la noche y el sueño; su espalda resbaló al apoyo y el hombre se hundió, golpeando blandamente en las paredes hasta romper la quietud del disco puro.
Ni tiempo para dar un grito o retenerse en las salientes, que le rechazaban brutalmente después del choque. Había rodado llevando consigo algunos pelmazos de tierra pegajosa.

lunes, 9 de abril de 2007

EL DISPARATADO CÍRCULO DE LOS PÁJAROS BORRACHOS

JUAN APARICIO-BELMONTE
LENGUA DE TRAPO
XII PREMIO LENGUA DE TRAPO
256 PÁGINAS, 18,50 EUROS


Afirma Tomachevski en "Teoría de la literatura" que los géneros literarios evolucionan, en muchas ocasiones, gracias a la parodia, a la intrusión de los procedimientos de las obras pertenecientes a los géneros bajos --"historietas divertidas, sin pretensiones y no siempre decorosas"-- en los altos, y que esta intromisión termina por configurar un paradigma diferenciado. Esto es algo que lleva ocurriendo cierto tiempo en relación a la novela negra y la policíaca --ejemplos significativos en nuestra lengua son E. Mendoza o R. Reig--, conformando así nuevos géneros en clave de comedia regidos por los rasgos dominantes de sus antecesores y a su vez distanciados de ellos. "El disparatado círculo de los pájaros borrachos", tercera novela de J. Aparicio-Belmonte (Londres, 1971), es el último ejemplo de la vigencia y la importancia de este tipo de literatura.
Luis Pellitero --un escritor poco o nada conocido-- y Micol Llagas --una despampanante e insegura policía, ex novia de Luis-- son los personajes centrales de una historia donde el rencor es la causa y la consecuencia de todo lo acaecido. Luis es acusado de dos asesinatos por Micol y encerrado y sometido a duros interrogatorios. Desde la celda, Pellitero narra y ficcionaliza tanto lo que le ocurre como su tumultuosa relación con ex novia, con su editor Críspulo Bocanegra, etc. Al mismo tiempo, leemos una novela escrita por Pellitero, cuya protagonista es el alter-ego de Micol, Sarita Lagos, y en la que se da cuenta de la venida de un "Mesías no actualizado", emisor de desconcertantes mensajes como "Se dice A Coruña y no La Coruña". La llegada del Mesías repercute profundamente en el escenario político español y mundial y en la vida de la propia Sarita, que ve deteriorarse las relaciones que venía manteniendo con un personaje influyente, "el líder", hasta el punto de conducirla a Roma, donde comienza una investigación en torno a los despropósitos de unas extrañas y mafiosas señoras de la limpieza.
La novela se sustenta, por tanto, sobre dos planos ficcionales que lejos de permanecer independientes remiten uno a otro constantemente, que se contaminan y solapan a partir de la primera línea, permitiendo al plano ficcional ajustado más a la realidad efectiva resultar tan extravagante como la fantasía inconsistente --o "la multitud inconsistente de fantasías", parafraseando a Slavoj Žižek-- recreada en la novela de Luis. Así, si en uno encontramos una obra de arte contemporáneo que es una "vagina luminosa" y parlante --habla "en castellano, gallego, vascuence, catalán, bable, y castúo"--, que despide confeti al presionarle el clítoris, en el otro vemos al rey de España agitando la bandera de la República --el rey es daltónico-- o al estrafalario Mesías diciendo que "al Real Madrid le perjudican los árbitros", con la consiguiente respuesta de la Generalitat de Cataluña subrayando la "naturaleza satánica indudable del Enviado". La intervención, por otro lado, de diferentes narradores a lo largo del texto, que se yuxtaponen indistintamente, bajo los cuales se oculta o se presenta abiertamente Pellitero, incrementa la confusión promovida por Aparicio-Belmonte desde el comienzo, creándose así un collage narrativo y circular en el que todas las partes se comunican.
"El disparatado círculo de los pájaros borrachos" es, en fin, un libro donde el absurdo, la excentricidad y la sátira más aguda son los catalizadores de una trama enrevesada y divertida, en la que no faltan tampoco reflexiones metaliterarias, y que sitúa al autor como una de las voces más destacadas y originales de un género --la novela negra paródica-- en vigor.

miércoles, 14 de marzo de 2007

Presente en una ejecución y otras historias de fantasmas, Ambrose Bierce

Presente en una ejecución y otras historias de fantasmas, por Ambrose Bierce
Artemisa Ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 2006


Eerno heterodoxo de las letras norteamericanas, la biografía de Ambrose Bierce (1842-1914?) es digna de uno de sus febriles relatos: aventurero, soldado, hábil epigramático y periodista combativo, su nunca esclarecida desaparición en Méjico puso fin a sus días al tiempo que terminó de cimentar su leyenda. Su capacidad para lo sobrenatural queda de manifiesto en esta colección de “casos reales”, cuyo trasfondo es casi siempre de la Guerra de Secesión o un sur profundo rural de una crudeza que no habrían desdeñado Jack London o Wiliam Faulkner. Relatos de aparecidos de corte clásico pero con el inconfundible sello “Bitter Bierce”, un estilo nervioso y directo que los emparenta inquietantemente con la crónica.


Más info: www.artemisaediciones.com

lunes, 26 de febrero de 2007

Las encantadas, Herman Melville

Herman Melville
Las encantadas
Ediciones Artemisa, 2006.
Traducción de Ana Lima; prólogo de Francisco León.
15,95 euros


Hacia 1846, Melville avista las Galápagos, habían pasado dos siglos desde que los españoles al mando de Tomás Berlanga pisaron por primera vez la isla. A lo largo de ese tiempo las Encatadas o Galápagos fueron tierra de piratas, presos, soldados-reyes, reyes-tiranos, balleneros, fugitivos, náufragos, ermitaños; inquilinos que dejaron en la corteza de las islas, cicatrices que el autor de Moby Dick en 1854, reconstruyó para la revista Putnam´s Monthly Magazine. A lo largo de diez cuadros, Melville retrata un enclave que había servido como refugio, cárcel, Estado o laboratorio-estado y tierra de nadie, que había sido tentativa frustrada de todos los asentamientos planeados por el hombre. Cuando Melville llega las tortugas y los perros, fieles supervivientes de los hombres, dominan el archipiélago: “los vestigios de los ermitaños y las cavidades de piedra no son los únicos rastros de humanidad que se encuentran en las islas”. Cartas abandonadas, animales domésticos, caparazones de tortugas, epitafios y tronos de piratas, no fueron claros avisos o un retrato lo suficientemente desolador para los futuros inquilinos que convirtieron las Encantadas en hotel de ricos, hospedaje de noruegos, y en muro de lágrimas. Hacia 1854, Melville, adelantándose a la historia, retrata en Las Encantadas la expulsión del hombre de las Galápagos. Un siglo más tarde la humanidad prescindirá de su deseo de vivir sobre ellas.

Más info: http://www.artemisaediciones.com/

viernes, 23 de febrero de 2007

Las Bestias, de Ronaldo Menéndez

Las bestias
Ronaldo Menéndez
Lengua de Trapo, 2006
144 páginas, 15.21 €




por MATEO DE PAZ




En la literatura cubana se ha hablado de la ciudad caribeña con alegría y desenfreno, con cierta nostalgia por lo que fue y nunca tuvo, mediante el humor absurdo o incluso a través del surrealismo. También se ha designado a Cuba sin nombrarla, haciendo que el lector digiera las sugerencias y los matices mediante la representación de un lugar en el mundo callando su nombre pero haciendo ver que se trata de lo que el lector sospecha e imagina. El hambre cubano nos ha llegado a través de televisores y de revistas, gracias a quienes lo han sufrido y ya no viven allí o a los turistas que lo han visto sin padecerlo. Las bestias, sin embargo, nos habla de un hambre especial y distinto, un hambre que nace en la «oscuridad de la incertidumbre» del ser humano: «En la ciudad nadie se había planteado que criar puercos en bañeras, techos, traspatios y armarios, carecía de urbanidad. Pero el meollo tenía raíces más profundas», comenta el narrador a propósito de la cría de cerdos. Esta simbología del hambre, puesta en contacto con la persecución del profesor Claudio Cañizares, hace que entendamos la novela como un intento por mostrar la desolación del pueblo dirigida desde un «gobierno absoluto» que domina todas las cosas. De hecho, al protagonista le será imposible imaginar la «causalidad» de las cosas que lo asedian hasta la desesperación y la angustia o por qué razón Jack y Bill, agentes de una Sociedad Secreta, lo persiguen para matarlo, cuando él mismo se identifica con un cero a la izquierda, con un ser anodino que vive al margen del ser o como un punto blanco sobre un fondo blanco. En realidad, lo único que guarda interés para el personaje es pasar desapercibido y continuar con las investigaciones que giran en torno a su tesis.

Por otro lado, los puercos que el vecindario cría en clandestinidad son alimentados mediante baldes de sancocho, de tal forma que a través de los restos de la poca comida puedan aprovecharse sus cuerpos para la alimentación humana, y otros usos. Estos usos están velados por el misterio que a lo largo de la obra estarán resueltos con la aparición del hambre y la curiosidad de Cañizares por saber la razón para su crimen. La etapa final, donde todos y cada uno de los fragmentos diseminados a lo largo de la obra encuentran su punto de justa resolución, es sorprendente y brillante. El hambre de la sociedad en que viven los personajes, en apariencia epidérmicos, y la paradoja que deviene con la aparición de algunos elementos tecnológicos encuentra una respuesta trascendental en la extinción de los gatos de tejado y la posterior desaparición del avestruz del zoo, alimentado y engordado por el propio director del parque para puchero de su familia. El hambre, como vemos, cumple una función esencial en la obra: es el móvil, motor y eje conceptual y crítico; aunque hiperbolizado en la desaparición de otras especies zoológicas: «El mal ejemplo cundió, y poco a poco fue diezmada la comunidad de cocodrilos, ciertas especies de monos, todas las aves, algún que otro camélido y otros herbívoros». En Las bestias, por tanto, la cría de cerdos para la supervivencia de una sociedad hambrienta y desposeída de libertad tiene una simbólica semejanza con la vigilancia y el exterminio del sujeto por una Sociedad Secreta. Mediante un lenguaje a veces extraño, lleno de atrevimientos y de torpezas lingüísticas («aquel gerundio de cadáver», los morenos que empiezan a «machihembrarse», un camarero «enclaudiomismado», «alcantarillamente bajos», etc.), pero explicado por la bruta personalidad de un «Gordo-escritor-traficante de armas y otros objetos (yo)» que pretende ser lo que no representa (un buen escritor), una serie de diapositivas polifónicas en su parte final, compuesta de un fragmento de tesis, un diario, un epílogo y la confesión de Bill a las puertas de su muerte, hacen de la novela, en definitiva, una suerte de compleja estructura narrativa que nos recuerda demasiado al arte cinematográfico.

martes, 13 de febrero de 2007

La muerta enamorada, por Théophile Gautier

La muerta enamorada, por Théophile Gautier
Artemisa Ediciones, 2007 Santa Cruz de Tenerife.


Miembro destacado de los renovadores literarios del siglo XIX en Francia (a él dedica Baudelaire sus Flores del mal en un encabezado ya célebre), Gautier cultivó con fortuna géneros tan diversos como la novela, la poesía, el teatro o el libro de viajes. Sin embargo, quizá lo más conocido de su producción continúen siendo sus cuentos breves, de corte fantástico y en ocasiones con un punto macabro, memorables por la concisión del estilo, su original tratamiento de los temas y su capacidad para la evocación de ambientes post-románticos. Artemisa Ediciones recupera ahora una de sus narraciones más celebradas, La muerta enamorada, una historia de amor obsesivo y vampirismo que conserva intacto a través del tiempo todo su poder de fascinación.



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