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martes, 13 de noviembre de 2007

Erase una vez el tiempo

Resulta curioso que un país como el nuestro, tan dado a las antologías poéticas, no produzca más antologías como la que aquí nos ocupa, un proyecto de Ediciones Atlantis que sorprende por lo arriesgado de la apuesta y la audacia de haberla llevado efectivamente a cabo, más aún teniendo en cuenta la casi total escasez de posibilidades de publicación de un autor novel y sin padrinos en éste o en cualquier otro lugar del planeta. Tic-Tac. Cuentos y poemas contra el tiempo, reúne entre sus páginas a 60 autores, algunos de los cuales acreditan ya una sólida carrera literaria o, en el peor de los casos, un nombre lo suficientemente reconocido como para ser garantía de calidad en el mercado. Entre los primeros están nada menos que Espido Freire (El tiempo huye), el asturiano Rafael Reig (El tiempo sobre los manteles), el poeta y novelista Leopoldo Alas (biznieto de su homónimo y que participa con el poema (Una lengua común) o el cubano Ronaldo Menéndez (El efecto mariposa), todos ellos autores con obra publicada, relativamente jóvenes y a los que la crítica ha reconocido su contrastada valía. Entre los segundos, la artista Ouka Le(e)le o el polifacético Luis Eduardo Aute, quienes aportan a esta antología dos poemas inéditos (Del cuaderno de Cintra y Lo que sea, pero ya). Junto a ellos, nombres hasta ahora desconocidos como Alberto Massa, César González Álvaro, Julio Montesinos, José A. Gallardo o Guillermo Aguirre.
El tiempo como metáfora, como inevitable hilo conductor o como juego de espejos narrativos; el tiempo, en fin, como fundamento de la propia literatura (no olvidemos que es el tiempo, precisamente, aquello a lo que se enfrenta cualquier autor, y sus consecuencias lo que explora cualquier texto que pretenda considerarse literatura), es el punto de contacto entre los distintos relatos y poemas de la antología. Sin embargo, no es aquí –como ya se ha dicho- donde radica el verdadero interés de la misma, sino en el extenso listado de nombres nuevos que el editor se ha atrevido a colocar junto a aquellas “vacas sagradas”, todos ellos escritores desconocidos para el gran público, a pesar de que algunos hayan publicado ya sus primeras obras. Obviamente, el conjunto, como toda antología, es desigual, lo que no significa que carezca de hallazgos de una extraordinaria madurez literaria. Relatos como Capítulo de barro nº1, donde el madrileño Alberto Massa juega sin pudor a ser a la vez Pynchon y Cortazar; Errores de cálculo, en el que Cesar González Álvaro nos ofrece una moderna relectura del mito de Sísifo; Un cuento ruso, en el que Eduardo Vilas se acerca al juego de realidades de El capote de Gogol; Sobre arenas movedizas, de Guillermo Aguirre, una borjiana metáfora de la memoria personal; o, en fin, los futuristas Al contar mi historia el recuerdo, del bilbaíno Mateo de Paz o El tiempo y la guerra de J.D. Álvarez. Todos estos relatos, junto a los también excelentes Todos los palacios vacíos o Cuando Dios tira de un lado…, por citar apenas una pequeña muestra, conforman el núcleo fuerte de Tic-Tac, un libro que demuestra que es posible dar salida a apuestas literarias sin el apoyo de los grandes grupos de difusión, y que cuenta con la entusiasta participación de los profesores y estudiantes de Hotel Kafka, una escuela de escritura de reciente creación que ha venido a dinamizar con sus iniciativas el panorama cultural de nuestra capital. Ediciones Atlantis continúa, así (y ya van tres años de vida), su apuesta por la edición independiente regalándonos esta estupenda recopilación de autores propios y ajenos con la certeza de que, en todo caso, sólo “el tiempo es el mejor antologista, o el único tal vez…”.



Título:
Tic-Tac Cuentos y poemas contra el tiempo.
Género:
Narrativa
ISBN:
978-84-96621-61-9
Autor:
Varios: José Trujillo Priego, Rafael Reig, Eduardo Vilas, Ronaldo Menéndez, Mateo de Paz, Espido Freire, Luis Eduardo Aute, Guillermo de Roebruck, J. D. Álvarez, Leopoldo Alas, Ouka Leele, Estefanía Muñiz, Guillermo Aguirre, Jeny Schönberg, Francisco José Blanco Torres, David Ávila Sanz, Alberto Masa, Fran Meliá, Ángel Fernández de Marco, Manuel José Díaz Vázquez, Wallas Pravic, Rubén Darío, Antonio Castillo-Olivares Reixa, Celina Borja, Rodrigo del lago, Pilar Cruz Herrera, David Carril, José Manuel Cano Pavón, Rosa Cáceres, José A. Gallardo, Joaquim Pisa, Juan Antonio Pizarro Martín, Sergio García Reina, Ernesto Capuani, Antonio Ferrer, Santiago García Rey, Julio García Llopis, Pilar Sifas, Enrique Sánchez Elvira del Álamo, Enrique Fernández, Miguel F. Martín, Juan Carlos Nevado, Francisco Llorca, Alberto Almeida, Ángeles López Sánchez, Xavier Gassó Lorido, Carmina Vidal, Benito de la Calle Pascual, Luis Cabello Muñoz, Miguel Ángel Sánchez Fernández, Carlos López, Leonor Rudat, Luis Pérez Malpica, Ricardo Robla, Conchita Ximénez, Yolanda Hernández Villalón, Luis Moreno Carmenado, Luis Henares, César González Álvaro, Eva Martín Soler, Sonia Alonso Orfila.

domingo, 7 de octubre de 2007

Pudor y dignidad - Dag Solstad

UN INSTANTE DE TEMBLOR

Pudor y dignidad - Dag Solstad
Pudor y dignidad
Dag Solstad
Otras lenguas. Lengua de trapo.
Madrid. 2007. 140 pag.

Ahora esta aquí, frente a nosotros tenemos al profesor Elias Rukla – “en el fondo un profesor de instituto cincuentón, algo alcoholizado, con una mujer que había ensanchado un poco demasiado”- y frente a él, sus alumnos que bostezan mientras el profesor – nuestro profesor de literatura Noruega, “cincuentón, algo alcoholizado”, con sus alumnos frente a él- explica el drama de Ibsen; El Pato Salvaje a sus alumnos – esos alumnos que frente a él bostezan- Y quizás esté diciéndoles que la obra trata de la pérdida de la mentira vital, como dice Reilling, uno de los personajes del drama – secundario personaje- “si quita usted la mentira vital a un hombre corriente le quita al mismo tiempo la felicidad” frase que el doctor Reilling (¿el portavoz o no de Ibsen?) en la obra dirige a otro personaje –quizás explique ahora nuestro profesor de literatura Noruega frente a sus alumnos que bostezan- (dará igual a que personaje pues en la obra todos viven de mentiras) aunque quizás no explique eso. No. Quizás – nuestro profesor- Se pregunte porqué Ibsen necesitaba a Reilling en el drama. ¡A Reilling! – Un personaje secundario que solamente se deja ver cuando descubrimos que es el frustrado pretendiente de otro personaje- Y quizás sea en este instante en el que nuestro profesor -como Reilling, con un ligero temblor o estremecimiento cuando entra en el drama- tenga la sensación de haber descubierto algo nunca antes visto y se esfuerce en hacérselo notar a sus alumnos – que están frente a él y que bostezan- Y entonces nuestro profesor diga a razón de Reilling; “¡Ahora está ahí. Atrapado por su amargo destino como el eterno y frustrado pretendiente de la señora Sorvy! ¡Aquí lo tenemos metido de lleno en el drama por primera y última vez!”
Y probablemente nuestro profesor – cincuentón, personaje secundario en su propia vida- esté mientras habla como Reilling está, metido de lleno en su propio drama -la fugacidad del tiempo, la caída de unos padres ideales, el desmoronamiento de la belleza, de una mujer que ahora es la suya, pero que antes lo fue de su mejor he idealizado amigo- por primera y última vez, metido de lleno en su propio drama.
Y es por eso –porque nuestro profesor nunca pensó en ese drama de Ibsen como ahora piensa- por lo que al salir al recreo y ver que su paraguas no se abre en modo alguno, romperá dicho objeto –un objeto que cubre, que tapa como la mentira tapa y los alumnos bostezan- a porrazo limpio contra el suelo del patio, saltará sobre él, y como un Pato salvaje – ante la mirada ahora alucinada de los alumnos que antes bostezaban- gritará a uno de ellos; - “¡Zorra! Cómete el bocadillo gorda sebosa!”- Y estará ahí –nuestro profesor- en su momento de temblor, como Reiling lo está cuando muestra su eterna figura de amante rechazado. Y echará andar por su Oslo y conforme avance – nuestro profesor, con la mano ensangrentada por el paraguas roto- rememorará toda su vida que cobrará un nuevo sentido – porqué Dag Solstad, el autor de esta novela otorgará a Elias como Ibsen a Reilling el don de la última palabra- en una última frase final que quizá este también ahí para ofrecerle – a nuestro profesor- “un momento de temblor frente a un destino congelado”: - Es terrible pero no hay camino de vuelta- Y será cierto. No lo habrá porqué los años han pasado y nada era como cabía esperar, o nada fue como se dijo.
Con una prosa obsesiva y circular, de ritmo travieso que se decanta a lo largo del texto, Dag Solstad, nos ofrece la historia de un desmoronamiento (el desmoronamiento de un hombre, de la sociedad en la que cree, de los valores que la integran). Una historia que ácida y mordaz se cuenta en un instante (ese de temblor) uno por el que pasa toda una existencia y que puede o no ser una relectura del Pato Salvaje (Dag Solstad utiliza la clase primera de la novela como si fuera la leyenda de un mapa, un mapa que será después la vida del profesor Elias Rouka) pero en la que mas vale que nosotros no bostecemos como sus alumnos, pues podríamos perdernos las claves para entender el que será (probablemente) nuestro propio desmoronamiento cuando el tiempo se cobre, de un solo plumazo, a quemarropa, a la vez todas sus víctimas.
Deberíamos quizás a veces de recordar, al idealizar nuestro universo, sus pactos representativos; “que una puerta es solo una puerta”. Como Solstad nos advierte en el primer párrafo “en el fondo era un profesor de instituto cincuentón, algo alcoholizado, con una mujer que había ensanchado un poco demasiado y con la que desayunaba todas las mañanas”.

domingo, 30 de septiembre de 2007

Dejen todo en mis manos - Mario Levrero

Mario Levrero
DEJEN TODO EN MIS MANOS
Caballo de Troya, 2007
121 páginas, 11.90 €

por MATEO DE PAZ

La obra de Mario Levrero (Montevideo, 1940-2002), como la de Kafka, está impregnada por el espíritu de su época, que es la nuestra. En Dejen todo en mis manos, por ejemplo, Levrero da cuenta de la labor austera y solitaria del escritor, no siempre reconocida, que se ve obligado a regalar casi el trabajo de años por tener algo que llevarse a la boca: «Tengo los bolsillos vacíos ––dice a su editor––. Necesito algo ya mismo. Dame un adelanto de mil dólares y quedate con los derechos». La trepidante velocidad narrativa de los acontecimientos hace que la novela (que al principio parece tener como asunto más importante la publicación de la obra del escritor fracasado, del narrador) recorra el camino de la investigación. Al final, ese mismo escritor deshecho por el fracaso, y del que no sabemos su nombre, acepta investigar el paradero del autor de una obra ––sin título y sin remite, escrita bajo seudónimo–– debido a que en Montevideo «no existe la profesión de escritor, y el escritor está obligado a hacer cualquier cosa, excepto ––naturalmente––, escribir, si quiere continuar sobreviviendo». En realidad, lejos de lo que el narrador esperaba, su novela no solamente ha sido olvidada por los editores, «el Gordo» y «el viejo», sino que para que se lea deberá aceptar ese trabajo detectivesco: viajar hasta Penurias y localizar a un tal Juan Pérez, supuesto autor de una «obra maestra, probablemente la mayor escrita sobre este suelo».


En un breve ensayo reciente, el crítico literario Ignacio Echevarría hablaba de la obra de Levrero como de «la búsqueda de la salvación del Espíritu», pero no como en Musil, donde hay una búsqueda en el espacio del «mundo moderno», sino más bien del espacio de la personalidad rara, extravagante y difícil del propio Levrero. En cierto sentido Echeverría tiene razón al decir que el autor uruguayo «no tiene empacho en exhibirse a sí mismo como un hombre –él sí– carente por completo de los atributos idóneos para abrirse paso en el mundo moderno, del cual, por otro lado, se desentiende soberanamente, embarcado como está en una despiadada, radical y desternillante introspección». Después de leer todo Onetti ––y entender que la obra de Mario Levrero es un sumando más que se añade a una línea concreta, la de la desesperación en un espacio asfixiante y cerrado, y que no carece de aportaciones peculiares en la literatura uruguaya posterior al autor de La vida breve o El astillero––, me he dado cuenta de que el espíritu de Dejen todo en mis manos se mueve entre dos tipos de espíritu: el del mundo moderno y el del propio Levrero. Ambos escritores, Onetti y Levrero, comparten en su literatura, en su escritura, la labor austera y solitaria del escritor, no siempre reconocida, y la asfixiante dificultad que encontramos para abrirnos paso en el mundo moderno.

Dejen todo en mis manos está escrita en un estilo sencillo y vigoroso, tal y como se dice que está escrita la novela de Juan Pérez. Por esta razón ––a veces–– el lector confunde ambas obras, se acercan y se cruzan: en las dos se narra lo que ve, siente y observa el propio sujeto del libro ––como en un ensayo––, un protagonista que es «más bien contemplativo»; en ellas se cuestiona el papel del escritor como testigo de una sociedad inculta y vacía; en ambas el reconocimiento final parece tener su razón de ser en la profesión elegida. La obra de Juan Pérez habla de la sucesiva precipitación hacia el vacío de las instituciones, los valores, la economía y, sobre todo, la cultura, en un lugar, Penurias ––parábola del mundo––, donde nadie lee y, por supuesto, donde nadie escribe. Otro dato más: Dejen todo en mis manos también está escrita con el mismo miedo de quien entrega su novela sin remite y bajo seudónimo: «el sobre no traía remitente. El matasellos correspondía a una pequeña ciudad del interior que llamaré Penurias (y lo digo al pasar: he cambiado todos los nombres y apodos de personas, lugares y países, para no lesionar a nadie), y la novela estaba firmada por Juan Pérez (...) Juan Pérez es un seudónimo».

Finalmente, para la crítica, la obra de Levrero es inclasificable y anómala, como la del protagonista, «buena, pero…», una obra que se mueve entre el relato policíaco, el ensayo y la novela ontológica. Dejen todo en mis manos es hermosa, significativa y trascendente. La novela de Mario (Jorge) Levrero (Varlotta) no sólo nos hace pasar un buen rato, sino que además aporta las claves para entender una parte del espíritu salvaje de nuestra época y las “penurias” por las que debe pasar el escritor si quiere ver publicada su obra.

miércoles, 22 de agosto de 2007

El hombre y la bestia ¿su homólogo?

Las bestias
Ronaldo Menéndez
Lengua de Trapo, 2006
144 páginas, 15.21 €





Dicho así uno podría pensar que se trata de un documental de animales, y en parte lo es, en esa parte en la que nuestra propia existencia tiene algo de documental de animales (nos enfrentamos, sentimos miedo ante el peligro y podemos sobreponernos con el ataque) pero no, se trata de el nombre que le pongo a esta reseña de la última novela de Ronaldo Menéndez (La Habana 1970) titulada y no sin razón; “Las Bestias”.
De ella y de su género “negro” (existe una trama criminal, existe Cuba) se ha dicho que recuerda al lenguaje cinematográfico. Se ha hablado de Tarantino, y es cierto que el ritmo de la novela es trepidante, que la aparición de la trama In media res (Un apocado y triste profesor de filosofía que descuelga el teléfono para escuchar conversaciones cruzadas asiste a la planificación por parte de dos sujetos desconocidos de su propio asesinato) coloca al lector desde la primera página dentro del tejido celular, sangrante y oscuro de esa acción directa que caracteriza a algunas películas.
Pero hay más. Sabemos que hay más:
Está el hambre, un hambre que es de un pueblo, Cuba, “que manda a sus vástagos avituallados” para pescar con caña gatos desde los tejados. Una Cuba que en ningún momento es nombrada (que juega al dominó en sus esquinas) para que ese hambre trascienda y se generalice como el hambre de todos los pueblos oprimidos, y en último caso sea el Hambre, con mayúscula, de un hombre, nuestro profesor, Claudio Cañizares, que es también símbolo del estado, que acabará, desde su primera y primitiva ingenuidad, convertido en opresor en “El arma humana en dos patas”.
Un Hambre filosófica e existencial, el Hambre de un Hombre (nuestro profesor de Filosofía, Claudio Cañizares, “anodino pajero y solitario”) que pretende vorazmente acometer una tesis doctoral de la Oscuridad, también con mayúscula, y que lo que consigue (empujado por sus perseguidores) es arrumbarse en esa “noche cósmica” de la que Heidegger dice “es preciso que sea explotada y arrostrada por personas que estén dispuestas a llegar al fondo del abismo”.
Un hombre que cría un puerco “esa maquina de devorar todo lo que no sea su propio cuerpo” en el baño de su casa; ese sitio símbolo de las intimidades coprófagas, (ya sabemos que un hombre que está criando un puerco en el baño de su casa, es alguien que cría cuervos en lo mas intimo de sus entrañas)
En fin, un hombre que habrá de enfrentarse a su homólogo ¿o no?; El cerdo, la Bestia y que ganador o perdedor, en la novela, gracias a un último elemento sorprendente, se alzará como alguien condenado de antemano, condenado desde antes de que toda la trama se pusiera en marcha sobre él, condenado a acostarse por última vez como un “caimán dormido”.
¿Dónde reside el verdadero enemigo? ¿Dónde la amenaza? Es algo que se pregunta página a página Ronaldo Menéndez en está novela de elementos que cobran su significación como se cobran las piezas los cazadores, en el momento justo, en el lugar exacto. Una novela desgarradora, violenta, de inquietante luz y oscuridad, sangrante, cínica a veces, otras, patética, pero siempre, continuamente, de ritmo desollado como la respiración de los corredores de fondo o de los ahorcados, de esos hombres que se atreven a cruzar el Hambre de su propio apetito, abisal apetito de Oscuridad.

domingo, 22 de julio de 2007

Espacios translúcidos - Clara Janés

ESPACIOS TRANSLÚCIDOS
Clara Janés
Editorial Casariego. Madrid, 2007.
ISBN: 84-86760-80-1
Precio: 25,00 €
72 páginas

Clara Janés (Barcelona, 1940), poeta de larga trayectoria --su primer libro Las estrellas vencidas, fue publicado en 1964-- manifiesta en Espacios Translúcidos una peculiar escritura, caracterizada por la levedad y la mirada contemplativa, donde la luz y el color, la poesía, la fotografía y la tinta de palabras y dibujos interaccionan entre sí.


Entre imágenes caracterizadas por la blancura del albedo y espacios que evocan a Tarkovski, Clara intercala una poesía conectada por su espiritualidad con Holan y San Juan de la Cruz y con la musicalidad de la poesía medieval persa.

"Sí, el espacio, el tiempo, la casualidad, son formas de la conciencia, y la esencia de la vida está más allá de esas formas." (A. Tarkovski)

Tal y como indica en el prólogo Mariosa Scaramuzza, el leitmotiv de este peculiar diálogo entre la imagen y la palabra es la Luz. Poesía del alba, que a la vez es hermética, constituída por reflejos y por la transparencia del aire y el agua.

"¿qué fue de aquel bosque de altísimos pinos silenciosos que se desprendían de copos de corteza como manso, armonioso tributo a la gravedad sin que su fuerza ascensional mermara? De no se por esa leve caída, se diría un proyecto de eternidad: intersección entre verticales de luz y horizontal del vuelo de una mariposa."

Así comienza un libro que termina entre la plegaria del amanecer y la belleza del fuego de Plotino.

domingo, 8 de julio de 2007

Un hombre sin patria - Kurt Vonnegut


Kurt Vonnegut
UN HOMBRE SIN PATRIA
Traducción de Daniel Cortés
Editorial: Ediciones del Bronce. Barcelona, 2006.
Cartoné con sobrecubierta
ISBN: 84-8453-167-8
Precio: 19,00 €
Tamaño: 15 x 23 cm. 172 páginas

Un hombre sin patria es el último libro que publicó Kurt Vonnegut (Indianápolis, 1922- Nueva York, 2006). Autor no muy conocido en España que alcanzó la fama mundial con su obra maestra: Matadero cinco o La cruzada de los niños, donde el germanoamericano revisitaba en plena guerra de Vietnam la masacre causada por el bombardeo incendiario inglés sobre Dresde, la Florencia alemana, el bombardeo con más victimas de la historia de la humanidad, superando incluso los bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki. El libro supone el cierre de una brillante carrera, que incluyó también otras novelas excelentes como Cuna de gato, Madre noche, Las sirenas de Titán, Pájaro de celda o Dios le bendiga, Mr. Rosewater.

De naturaleza ensayística combina reflexiones de Vonnegut con reproducciones de textos serigrafiados, unos y otros textos, son breves, brillantes y llenos de humor ácido, criticando todos los aspectos de nuestra sociedad más desagradables para él, desde Bush hasta la destrucción del medioambiente por el uso abusivo de los combustibles fósiles.

Con apenas 170 páginas, muchas de ellas ilustradas, y la claridad de lenguaje que atesora el autor norteamericano se lee en un suspiro. No se trata de una colección de artículos y su humor e ingenio le alejan del panfleto político, es sin más una obra literaria sin grandes pretensiones pero llena de valores y de alguna información valiosa, como es la aclaración de que Matadero 5 arrancó realmente cuando fue consciente de que los soldados que lucharon en la guerra "eramos niños" -siempre lo son-, en un contexto que le permitía escribir líbremente sobre la verdad que había visto: "las cosas horribles que les habíamos hecho a la peor gente imaginable: los nazis".

Se define a sí mismo como humanista "Los humanistas procuramos que nuestra conducta sea lo más decente, justa y honrosa que podamos, sin esperar recompensa ni castigo en otra vida", como Cristiano "si Cristo no hubiese pronunciado el Sermón de la Montaña, con su mensaje de misericordia y piedad, yo no quisiera ser un ser humano.", al tiempo que ateo y socialista.

Más allá de las clasificaciones que se otorga a sí mismo Vonnegut, nos encontramos con uno de los representantes de una extensa estirpe de escritores satíricos, cuyo príncipe es Rabelais y con una nómina donde encontramos a Jonathan Swift y Mark Twain, éste último de influencia innegable sobre el autor norteamericano. No es como dice desacertadamente la cuarta de cubierta, la recuperación del "género de crítica que popularizó Michael Moore, pero lo lleva a un nuevo nivel".

Tras enumerar las múltiples contradicciones de los críticos que le calificaban de escritor de ciencia ficción por el mero hecho de utilizar con conocimiento de causa la tecnología en sus novelas y también de ludita, con esa fidelidad extraña en el siglo XXI hacia la máquina de escribir y hacia las serigrafías, finaliza este apocalíptico y luminoso libro con un Requiem en verso, donde la Tierra exclama: "¡se acabó!, a la gente no le gustaba estar aquí".
Ahora "Kurt Vonnegut está en el cielo" y desde ahí nos sigue regalando su ironía, aquí botón de muestra:






domingo, 1 de julio de 2007

Scaramouche, la cultura de la risa


Rafael Sabatini
SCARAMOUCHE
Traducción de Manuel Pereira Quintero
Editorial: Mondadori. Colección: Grandes clásicos. Barcelona, 2007. 1ª edición.
Cartoné con sobrecubierta
ISBN: 978-84-397-2079-9
Precio: 21,00 €
Tamaño: 21 x 14 cm. 432 páginas

La exitosa novela del angloitaliano Rafael Sabatini, creada en 1921, ha sido erróneamente considerada como un bien realizado ejemplo de las novelas de aventuras y un tardío colofón o secuela de un género cuyo ejemplo más glorioso estaría en los Tres Mosqueteros de Dumas.
Incidieron en esta lectura la óptica aportada por el cine con la adaptación de varias obras de este autor: Capitán Blood, El Halcón de los Mares y ésta que nos ocupa: Scaramouche.

Hay ocasiones en que las apariencias engañan, orienta sobremanera la primera frase del libro, digna por cierto de figurar en la antología de mejores primeras frases: "Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco. Y ese era todo su patrimonio".

En efecto esta obra anticipa en bastantes años el interés por un aspecto de la cultura que luego interesaría sobremanera a Mijail Bajtin, el rol de la "cultura de la risa" frente a la cultura de la seriedad del ámbito oficial (Iglesia, Estado, etc...) un antitético espejo artístico y teatral de cuyas máscaras se despojan finalmente los hombres para volver al universo grave de la existencia cotidiana.

No es si no otro el trayecto que se dibuja en la travesía vital de André-Louis Moreau, el héroe de esta aventura, la cual corre paralela a la gestación de la Revolución Francesa. André-Louis, acosado de sedición por defender las ideas antiaristocráticas de un amigo suyo, se refugia en una compañía errante de la Commedia dell'Arte para pasar desapercibido, es ahí donde se convierte en el actor que representa a Scaramouche. Es ese segundo acto el más brillante de la novela, con un juego metaliterario notable, un ritmo espléndido y con una admiración evidente por la cultura popular que se encierra en este tipo de teatro.

Es en efecto esta la parte más original de la novela, y su nucleo central: la vida y la aventura de la vida como representación y a la vez la vida también como motor de la evolución de la narración: un André-Louis que se prepara de forma constante para el gran duelo final con su enemigo.

El último tercio del libro presenta al personaje de vuelta al mundo de "la seriedad", donde el personaje se convierte en paladín de tercer estado, un consumado maestro de esgrima y diputado de la asamblea. El amor por una joven actriz se sustituye aquí por el de una joven noble, clase a la que finalmente, el hasta entonces desclasado André-Louis desconocía pertenecer. Termina pues así la representación carnavalesca y baja el telón.

El final feliz desmerece un tanto el relato, cerrado y como de cuento, tras unas peripecias vistas siempre desde la perspectiva revolucionaria resulta ciertamente chocante pues es discutible que André-Louis haya amado ser alguien más que cuando era Scaramouche. Quizá este aspecto dota al libro de un matiz algo anticuado, en una época en que ya se alumbraban obras de vanguardia.

En el lado "negativo" de esta buena novela está el tratamiento que se hace del mundo "serio", con una explicación demasiado discursiva y plana de la situación histórica que contrasta fuertemente con la agilidad del resto de las páginas. Algo que no obstante no es extraño encontrar en cualquier best-seller de nuestro tiempo, pero que sin duda podría haber sido tratado de otra manera. Aunque se justifica narrativamente diciendo que se trae a colación no por ilustrar la historia de aquella época sino porque revela la perspectiva de André-Louis la realidad es que es una exposición algo forzada que obviamente no sería la de un personaje coetáneo de los acontecimientos, sino de un discurso proveniente de la perspectiva de historiadores más modernos.

En cierto modo nos encontramos con un peculiar objeto literario de bastante calidad, con algunos claroscuros, a medio camino entre la novela del XIX, el teatro de Goldoni o de Ben Johnson y el bestseller moderno. La mejor novela de uno de esos hombres que consagraron su vida a algo tan importante como fútil: escribir.
 

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